agosto 29, 2000

Notas sobre el valor del agua

Durante las últimas semanas he tenido la ocasión de reflexionar sobre el valor del agua y es por ello que hoy he querido compartir con Ustedes algunos de mis apuntes al respecto. 
El rango del valor del agua es casi infinito y abarca, desde un valor cero, que puede llegar a ser negativo (costo), cuando se encuentra excedentaria y produce desastres como los del Diciembre pasad; hasta un valor ilimitado, cuando la misma es indispensable para sobrevivir. Esos dos valores extremos los he ejemplificado en este artículo, como el valor del agua en la represa del Guri y el valor del agua mineral importada.
¿Cuánto vale un litro de agua en el Guri? Apartando la belleza de los embalses, el valor del agua del Caroní está estrechamente relacionado con la electricidad que produzca. Para efectuar tal cálculo, deben tomarse en consideración una serie de factores, entre ellos, los siguientes:
¿Cuánta electricidad genera? Mientras mayor sea la caída del agua, mayor el número de sitios para aprovecharla y mayor la eficiencia de las turbinas instaladas, obviamente que más será la electricidad que genera el agua y, por lo tanto, mayor su valor.
Abundancia o escasez. A veces el agua es tan abundante, que simplemente hay que dejarla correr por los aliviaderos, en cuyo caso no vale nada, otras veces escasea tanto, que su valor está en función del costo del racionamiento de la electricidad. Si un racionamiento sólo implica privarse un par de horas del uso del aire acondicionado, su valor no es tan grande, pero, si tal racionamiento le corta la luz a un quirófano durante una operación de corazón abierto, su valor es infinito.
El costo alternativo de la electricidad. Si el agua se usa para producir electricidad, es lógico que mientras más costoso resulte producirla por otra vía, mayor valor tendrá el agua. Por el contrario, si en Venezuela donde abunda el gas, se decide practicamente regalar éste para producir electricidad y las turbinas a gas cada día son mas eficientes y consumen menos gas para generar, entonces obviamente menos habrá de valer el agua en el Guri.
Las posibilidades de transmisión. De nada nos sirve lograr generar la electricidad del Bajo Caroní, si no la podemos transmitir luego a los lugares donde se encuentra ubicada la demanda. Bajo esta perspectiva, el valor del agua también estaría en función directa de la capacidad y eficiencia del sistema de transmisión, es por ello que me ha sorprendido que en la nueva Ley del Servicio Eléctrico, el Estado se haya reservado la generación hidroeléctrica en las cuencas de los ríos Caroní, Paragua y Cuara, sin haberse reservado la transmisión a los principales sitios de consumo de la electricidad allí generada. 
Por todo lo antes expresado, no resulta fácil cuantificar el valor del agua y debemos valernos para ello de modelos e instrumentos matemáticos, como programación dinámica estocástica y programación lineal. Describir cómo funcionan tales herramientas no es el propósito de este artículo, basta saber que permiten evaluar si el agua debe ser usada para generar electricidad hoy o, si por el contraria es mejor dejarla almacenada en el Guri para un futuro, corriendo incluso el riesgo de desperdiciarla, por una sobre abundancia.
He visto algunos cálculos del valor agua en el Guri. Entre ellos, un modelo presentado por el Ing. Alberto de Lima de la empresa Idese C.A., donde los valores fluctuaban, según las circunstancias, entre US$ 1.000 y US$ 45.000 por cada millón de metros cúbicos de agua, lo que equivale aproximadamente, a un valor de entre 0.07 y 3.15 cts. de bolívares por cada litro de agua con un valor mediano, que podría ubicarse alrededor de los 0.15 cts. de Bolívar. 
Lo anterior no parece mucho pero al considerar que el Bajo Caroní, con su generación eléctrica, hoy le ahorra al país, alrededor de 350.000 barriles de petróleo diarios y que tal ahorro será mayor en la medida en que se desarrolle todo su potencial, observamos que a US$ 30 por barril, estaríamos hablando de montos cercanos a los 10 millones de dólares diarios.
Hablemos ahora de otros valores del agua. Según entiendo, un camionero en la Isla de Margarita adquiere de Hidro Oriente el agua en 6 cts. de Bs. por litro y los revende a 1.50 Bs. por litro colocados en la puerta de su casa. Un botellón de agua potable de 25 litros cuesta 50 Bs. por litro y si queremos aplacar la sed con una botellita de agua local, hay que estar dispuesto a pagar alrededor de Bs. 400 por litro.
El premio de la especulación se lo gana el agua importada, donde el precio al detal, de acuerdo al tamaño de la botella, oscila entre 1.400 y 3.500 Bs. por litro. Cómo alguien paga esta cantidad por el agua resulta tan dificil de explicar que, por ejemplo, las autoridades francesas se han visto en la necesidad de decretar públicamente a este tipo de agua, como de interés nacional, lo que por supuesto es impreso en la botella.
Por cierto, hablando de agua importada (o agüita, como dirían algunos de mis “finos” compatriotas) me recuerdo que la última vez que revisé una etiqueta observé que ésta proporcionaba información precisa e importante sobre su “Contenido Nutricional” en los siguientes términos: Calorías 0, Total grasa 0 g = 0% del Valor Diario (VD), Sodio = 0 mg = 0% del VD, Carbohidratos 0 g = 0% del VD y Proteínas = 0 g = 0% del VD. Es por ello que cuando al tomarme ayer una botellita de agua en Margarita y estupefacto leí que, en lugar de los ceros franceses; contenía un Ph de 7.4, calcio 24, magnesio 14, hierro 0.1, sulfatos 20, cloruros 15 y fluor 0.9, me pregunté si su mercadeo estaría basado en ofecer más producto por el dinero. 
Hace una semana, en una tienda al mayor, observé a un venezolano comprar agua francesa a Bs. 860 el litro, lo que equivale a US$ 1.25, lo que a su vez equivale al precio de un litro de gasolina en Francia. No sé cuánto le quedará al productor francés por su agua, pero a Venezuela, por nuestra gasolina, no nos toca más que US$ 0.25 por litro, es decir Bs. 170, ya que el Fisco francés se apropia en impuestos de casi US$ 90 cts por litro (Bs. 620), o sea el 360% de lo que recibimos nosotros por liquidar un recurso natural no renovable.
Hago la anterior reflexión para poner en evidencia el inmenso valor educativo, que para nuestra juventud podría tener el enviarla, así sea un solo día, a discutir sobre materias energéticas, a orillas de la inspiradora represa del Guri.
Si en este artículo no he mencionado el precio que pagamos por el agua que recibimos por las tuberías en nuestro hogar, ello ha sido a propósito. Averiguarlo es la primera tarea de una asignación que debe ser obligatoria para todo venezolano. Otra tarea, ya más avanzado el curso, sería la de calcular el valor del agua para nuestra agricultura.




agosto 24, 2000

La OPEP que yo quiero

 

La OPEP que yo quiero

A finales de 1980, un petróleo óptimo, el Arabian Light, se cotizaba a US$ 36 por barril. A fines de 1998 su precio había bajado a US$ 12.20, que expresado en dólares de 1980, sólo equivale a US$ 6.50, representando apenas un 18% de su valor para 1980. Lo anterior evidenciaba que cualquiera que haya sido la estrategia usada por la OPEP para defender el petróleo, la misma estaba equivocada.
Tan desastrosa era la situación, que para fines de 1998 las únicas alternativas que ante la opinión pública se planteaban como válidas eran o la de un violento incremento en la capacidad productiva o simplemente la venta o privatización de todo aquello.
El limitarse a aumentar la capacidad productiva lanzaría al país por el triste andar histórico de las demás materias primas y recursos naturales no renovables, en donde las aspiraciones, a la fuerza, han tenido que resignarse con recibir la contribución marginal, que resulta de tener unos costos de producción inferiores a los demás productores. ¡Qué tristeza para un país, que ha sido bendecido con un recurso como el petróleo, el tener que adoptar un modelo que, al final del día, nos lleva a venderlo a su costo variable de producción! Algo semejante a recibir un valioso legado familiar y venderlo apenas por lo que cuesta envolverlo y transportarlo a su comprador.
De igual forma, con la privatización del petróleo estaríamos renunciando para siempre a toda posibilidad de negociación geopolítica, ya que lo único que obtendríamos, como regalito de salida, sería solucionar la crisis existencial de toda aquella generación de venezolanos, que desde hace 20 años no logran decidir entre irse o quedarse y viven como en limbo en la zona del duty free del aeropuerto internacional.
Cuando entonces, por razones muy conocidas (aún cuando no tan reconocidas), la OPEP ha recibido un segundo aire, sería una maldad no desearle de todo corazón, que lo aproveche para transformarse en una organización capaz de enfrentar los nuevos retos, ya que de no hacerlo, el oxígeno actual seguramente sería su último aire. Es por ello que me he permitido compartir con ustedes lo que, en vista de las actuales circunstancias, constituiría la OPEP que yo quiero.
La OPEP que yo quiero, logra ganarse la total confianza de todos sus miembros, a fin de poder concentrar en ella, en un sólo bloque, todos los recursos necesarios para defender de verdad el petróleo, los cuales, obviamente van mucho más allá del tradicional rol de simplemente cerrar o abrir el chorro.
La OPEP que yo quiero, al observar cómo los países consumidores se han apoderado del valor del petróleo incrementando los impuestos, como entre muchos fue el caso de Inglaterra, que aumentó los impuestos a la gasolina de un 85% en 1980 a un 456% ad valorem en 1998; reconoce con modestia la habilidad de sus enemigos y no oculta el hecho de haber perdido una batalla, sino que, por el contrario, se prepara para ganar la guerra.
La OPEP que yo quiero, forma a los 100 mejores ambientalistas del mundo para asegurarse así de que, aún cuando se comparta la convicción y la responsabilidad del mundo por el futuro de nuestra frágil tierra, los costos de su defensa no recaigan injustamente sobre el petróleo y que los argumentos ambientalistas no sean usados para otros fines inconfesables e hipócritas.
La OPEP que yo quiero, forma a los 100 mejores expertos en materia de comercio internacional para que ayuden a evitar medidas, como los subsidios directos al carbón y los impuestos, que al gravar sólo a los derivados del petróleo y no las demás fuentes energéticas, son descaradamente discriminatorios y por lo tanto prohibidos por las normas de la Organización Mundial del Comercio.
La OPEP que yo quiero, forma a los 1000 mejores científicos para que en sus propios y mejores laboratorios estudien, desde nuevos usos para el petróleo, a fin de alcanzar una menor contaminación o un mayor valor agregado, hasta energías alternas a ser utilizadas en el futuro.
La OPEP que yo quiero, no acepta reconocer los derechos de marcas, patentes y propiedad intelectual que, cual magia sacada de un sombrero, generan fuentes de renta para los países dueños de estos derechos, que de por sí son renovables; mientras que simultáneamente se le asigna un trato discriminatorio a los ingresos que se obtienen por la liquidación de un recurso natural no renovable, como lo es el petróleo.
La OPEP que yo quiero, simplemente no permite que una empresa se apodere de una importante porción del valor del petróleo, por haber formulado un aditivo que (supuestamente) permite una gasolina menos contaminante, sobre la base de un proceso dudosamente patentado.
La OPEP que yo quiero, forma a los mejores asesores de imagen y mercadeo para evitar que la opinión pública mundial continuamente reciba información distorsionada sobre la OPEP y sus miembros.
La OPEP que yo quiero, posee el mejor equipo de diplomáticos y negociadores, que le aseguren una adecuada representación en todos los foros mundiales.
La OPEP que yo quiero, no permite que el gas u otros elementos energéticos, que no cuentan con el apoyo de una OPEP para su valorización, se introduzcan, como caballos de Troya, a competir contra el petróleo. 
La OPEP que yo quiero, sabe que aparte del petróleo cuenta con otros recursos para defenderse. La sola sumatoria de su capacidad adquisitiva internacional permite asomar la posibilidad de lograr un trato mejor, al imponer un arancel común especial a todos aquéllos que apliquen tratamientos discriminatorios al petróleo.
La OPEP que yo quiero, no se encuentra conformada por funcionarios que creen que su objetivo es sólo cumplir con una cómoda gestión burocrática – sino por soldados que conocen y aceptan estar en una misión, que para el bienestar de sus pueblos, no dista mucho de ser santa.
La OPEP que yo quiero, sabe que es un cero a la izquierda si no es capaz de aglutinar el sólido apoyo de sus miembros y ante nada, de los ciudadanos de sus países miembros.
Los ciudadanos de los países de la OPEP que yo quiero, saben que aún cuando su felicidad y bienestar no dependa del petróleo, si depende en mucho del saber y querer defender lo suyo.
En la OPEP que yo quiero, todos elevan oraciones a su respectivo Dios, para que los ayude a aprovechar la Cumbre en Caracas.
Publicado en El Universal, Caracas, 24 de Agosto 2000




agosto 15, 2000

La isla de Margarita que yo quiero

Siguiendo con una serie de artículos en donde confieso mis deseos para con la evolución de la economía de Venezuela, hoy le ha tocado el turno a mi querida Isla de Margarita.
Antes que nada, debo declarar que soy un fiel creyente de que el único modelo económico relevante para Venezuela es el que reconoce que el país seguirá recibiendo por muchas más décadas considerables ingresos petroleros, lo cual probablemente mantendrá la cotización del Bolívar fuerte, haciendo de nuestra Venezuela un país relativamente caro - y forzando a Margarita a ser lo que merece ser - una Isla con clase y categoría.
La Isla de Margarita que yo quiero, es una isla que tiene la suficiente confianza en sí misma como para iniciar la búsqueda de un turismo de la más alta categoría, dejando a otros que se encarguen del repele del turismo internacional, que busca precios tan bajos, que no alcanzan ni para ofrecerles una comida decente.
La Isla de Margarita que yo quiero, tiene suficiente poder de convocatoria para exigir que la misma sea servida adecuadamente por las principales líneas aéreas del mundo - hasta tal punto que incluso, de ser necesario, logre redireccionar todos los vuelos internacionales hacia Porlamar. Lo anterior se logra bien mediante incentivos (jet-fuel sin impuestos y al costo para toda aeronave que aterrice en Porlamar) o a la fuerza (línea que no vuele a Porlamar, tampoco va a Caracas).
La Isla de Margarita que yo quiero, conoce que el turismo no especializado no rinde frutos y busca ocupar segmentos del mercado, donde logre crear ventajas comparativas o, como en el caso de Playa El Yaque, donde la naturaleza misma ha señalado como target el segmento del windsurfing.
La Isla de Margarita que yo quiero, tiene suficiente inteligencia como para aprovechar activos tales como el Centro Médico Nueva Esparta (CMNE), que es un lugar ideal para desarrollar una experticia en el cuidado médico de la tercera edad, vía convenios con universidades y grandes empresas especializadas. Una vez alcanzada esta meta, la Isla se adecuaría perfectamente para construir la infraestructura necesaria, que permita acometer planes tan ambiciosos como el de ubicar, durante los seis meses invernales, a decenas de miles de jubilados de los países desarrollados. Esta propuesta no puede considerarse como utópica dentro de las nuevas realidades de geopolítica global.
La Isla de Margarita que yo quiero, le molesta saber que en un mes como Enero del 2000, 54 cruceros anclaron en la Isla de Saint Martin, permitiendo que alrededor de 95.000 pasajeros y de 39.000 tripulantes bajasen a visitar, conocer, comprar, comer, beber y, en general, ayudar a colocar en el mapa turístico mundial, a una isla menos merecedora que Margarita.
La Isla de Margarita que yo quiero, no permite que Venezuela se encuentre asociada a un Caricom, cuando en casi todos los países del Caribe, en sus respectivos mapas turísticos, no aparece ni siquiera mencionada nuestra bella isla.
La Isla de Margarita que yo quiero, no se da por satisfecha con un apoyo turístico oficial, que sólo busca capturar el turismo externo, enviando a los funcionarios de turno a las distintas ferias internacionales. 
La Isla de Margarita que yo quiero, acomete planes promocionales creativos, cónsonos con su clase, tales como, por ejemplo, estableciendo estudios de grabación audiovisual con calidad mundial, que atraigan estrellas de nivel mundial y con ellas, la indispensable cobertura de los medios.
La Isla de Margarita que yo quiero, tiene una dirigencia que no permite que ocurran hechos como la privatización de su sector eléctrico, donde el cheque por US$ 63 millones, que se obtuvo por su venta fue disfrutado (o mejor dicho, despilfarrado) por el gobierno central de Caracas, siendo la única contraprestación recibida por la isla, la de una estructura tarifaria alta, ya que al no contar tampoco con un cable submarino, no puede disfrutar de la económica hidro-electricidad del Guri, de la que en cambio sí va a gozar Brasil.
La Isla de Margarita que yo quiero, sabe que el futuro de sus hijos depende de un esfuerzo conjunto y por lo tanto establece un código turístico que contempla severos castigos a toda infracción que atente en contra de sus objetivos.
La Isla de Margarita que yo quiero, ofrece cursos gratis de idiomas extranjeros a todo residente que así lo desee.
La Isla de Margarita que yo quiero, aplica la actual Ley del Ambiente para obligar a la demolición, a costa del promotor, de toda obra y proyecto inconcluso que afea la Isla.
La Isla de Margarita que yo quiero, no permite que en la ruta hacia su aeropuerto, la marca de cigarrillos más favorecida por su población, promueva destinos distintos y foráneos, como Punta de Cana.
La Isla de Margarita que yo quiero, no permite la creación de nuevos impuestos. La sola excepción sería de conformarse una nueva variante del turismo aventura - el turismo de la evasión fiscal –que otorgaría certificados de evasión a los turistas europeos que se sienten fiscalmente agobiados, quienes además tendrían el aliciente de comprar gasolina a su precio real, sin los 400% de impuesto a que están acostumbrados.
La Isla de Margarita que yo quiero, sabe que debe ser la puerta de entrada a todas las demás ofertas de turismo en Venezuela.
La Isla de Margarita que yo quiero, es capaz de convencer a los venezolanos, de que su desarrollo como Nación, depende del éxito de Margarita.
La Isla de Margarita que yo quiero, es capaz de convencer a los margariteños, de que su desarrollo como pueblo, depende de su propio esfuerzo.
El Universal, Caracas, 15 de agosto de 2000









Benchmarking, el Parque del Este

Con cierta regularidad visito el Parque del Este o Parque del Oriente, como a veces me ha parecido debe llamarse, en vista de las actividades recreacionales orientales que predominan – taichí – taekwondo o como se llamen. 
Mis visitas siempre me llevan a reflexionar sobre lo cerca, pero también lo lejos, que el Parque del Este se encuentra de poder contarse entre los grandes parques citadinos del mundo. El 95% requerido ya lo tiene: espacios amplios, vista única del Avila, clima envidiable, bella y frondosa vegetación tropical, buena infraestructura básica; pero… ¡qué triste entonces que nos resulte tan difícil correr la última milla y completar el último 5% de los requisitos!
Por supuesto me refiero a los detalles, como por ejemplo la suciedad que, no obstante los pipotes y sin que sea mucha, lamentablemente está presente en todos sitios. Otros aspectos que merecen crítica son la acumulación de basura en las lagunas, la notoria diferencia entre el amable saludo a la entrada y el gruñido a la salida y, por último, lo incomprensible de que no obstante el poco tráfico, no se logre evitar crear las largas colas de vehículos que, sábados y domingos, adornan las entradas del parque.
Cuando digo que para tener un parque world-class hemos cumplido con el 95% y sólo nos falta el 5%, los porcentajes no necesariamente reflejan el verdadero esfuerzo requerido para alcanzar la meta. Como en tantas otras áreas, hemos hecho las inversiones físicas necesarias, las que objetivamente representarían el 95% del proyecto, pero que, dada nuestra relativa abundancia de recursos, en realidad sólo nos pesan el 5%, pero nunca logramos completar el esfuerzo humano restante, esfuerzo éste que si bien en otros lugares pudiese representar sólo el 5% del proyecto, sin embargo, en nuestro caso, cual bacalao al hombro, nos pesa un 95%.
¿Hay formas de lograr hacer del Parque del Este un parque world-class? Claro que las debe haber y a título de ejemplo, basta traer como ejemplo el caso del Metro de Caracas. Efectivamente, no obstante que las actuales dificultades económicas también afectan la calidad del servicio del Metro, sin duda el aire de comportamiento civil que se respira ahí, supera con creces lo que observamos en otros sitios de nuestro país. La única respuesta racional que explica lo del Metro, es que, de una manera u otra, ha logrado generar en la colectividad un genuino sentido de orgullo.
ORGULLO - ¡qué insumo tan productivo, tan abundante, pero al mismo tiempo tan escaso! Para el caso de nuestro análisis, creo que resulta evidente, que el ciudadano sabe de verdad que el Metro de Caracas es bueno – y está orgulloso de él, pero no conoce lo bueno que puede ser el Parque del Este.
Por lo anterior creo que sería muy productivo para INPARQUES, instituto que debe ser felicitado por sus actuales esfuerzos, considerar una sencilla campaña publicitaria, basada en establecer puntos de comparación – benchmarking –que consistiría simplemente de ubicar en varios puntos del Parque del Este, ilustraciones de otros parques del mundo, entre ellos los famosos tales como el Hyde Park de Londres y el Central Park de Nueva York.
El sólo hecho de dejar establecido, que la escala con la cual hemos de ser comparados cubre el rango de los mejores, ya de por sí sería suficiente para inducir un positivo cambio de actitud, tanto en visitantes como en trabajadores del parque, quizás hasta para cerrar la brecha del 5% faltante.
Si a lo anterior se le añade algo del ingrediente, que hoy se conoce como de cero tolerancia y que en sí significa el no permitir ninguna desviación en la conducta civil del visitante, por pequeña que ésta sea, creo que en poco tiempo, tendríamos la posibilidad de añadir al Parque del Este a nuestro hoy muy exiguo arsenal de elementos creadores de confianza y autoestima.
Y…¡cuánto necesita el país de mayor confianza y autoestima! El discurso de hoy – escupiendo hacia arriba en toda ocasión – sólo puede servir para estimular la huída del país o para sumergirnos en el más absoluto estado de un anarquismo depresivo.
Acepto que estas breves líneas, sin que fuese mi propósito, han adquirido un cierto tono moralista, pero ya que me encuentro en una posición de predicador, por la cual seguramente algunos amigos me habrán de criticar, me permito correr mi última milla y aprovechar la ocasión para dejar muy claro que mi interpretación de la cero tolerancia, incluye una seria reducción de la contaminación ambiental auditiva. Me refiero a las palabrotas y vulgaridades que se me asimilan a mocos, muy especialmente cuando brotan de los labios de bella mujeres de las clases A y B.
Acabo de leer el libro de Carlos Zubillaga Oropeza titulado “La marginalidad sin tabúes ni complejos”, que plantea con un sincero mea culpa, la existencia de una clase dominante en el país que, para todos los fines prácticos, se ha desentendido de la existencia de una clase marginal y hoy, ante una nueva realidad, despierta sorprendida. Zubillaga plantea la urgencia de que el país se integre como un todo, colocando, por supuesto, la responsabilidad de que esto ocurra sobre los hombros del país dominante. Reflexiono sobre lo útil que, para un reencuentro nacional, podría ser un proyecto de llevar al Parque del Este, a sencillamente ser el mejor parque del mundo.
Finalmente, jugando con la palabra “benchmarking” su significado literal, que es el de marcar bancos, creo necesario levantar una voz de alerta. En Venezuela, con frecuencia caemos en la trampa de enmarcar buenas acciones sociales con un triste afán publicitario por mejorar la imagen, tanto de empresas, como de personas. Ejemplo muy reciente de ello fue el acto en Chacao, donde con muy buen sentido se reconoció el esfuerzo académico a una gran cantidad de niñitos y niñitas, sin embargo, cuál no sería la sorpresa, o quizás la desilución cuando, sin ningun tipo de justificación, aparece en el reverso de la medalla, el nombre de una concejal. Sinceramente ruego que cualquier esfuerzo que se haga en el Parque del Este – no sea para publicitar marcas, empresas o políticos, marcando bancos.



agosto 07, 2000

La banca local y las normativas globales

Muchos tienen aún presente la última crisis del sector bancario en Venezuela, memoria ésta refrescada gracias al reciente incidente de Cavendes. De allí que la opinión publica exija a la banca, antes que nada, una mayor seguridad en sus colocaciones. Adicionalmente, aparte de que se le preste un servicio eficiente en el manejo operativo de sus fondos y a que eventualmente se le conceda algún crédito al consumo, pocas son las demás expectativas que tiene un cliente normal respecto de su banco.
Es por ello que con frecuencia se olvida en el debate bancario que las dos funciones fundamentales de la banca son la de ser un agente activo en el proceso de generación del crecimiento económico y la de colaborar en la función de democratizar el capital, es decir, de permitir el acceso al capital a aquellas personas o regiones que, aún carentes de recursos, tienen iniciativas y voluntad de trabajo. En Venezuela, hasta hace poco, la aprobación de una licencia bancaria dependía, al menos en teoría, de cómo se pensaba cumplir con tales funciones sociales, sin que la solvencia para devolver el dinero en un futuro pareciera tener mayor relevancia. ¡Cuánto dista esto de ser cierto hoy! 
En términos de dólares constantes de 1982, la cartera total de préstamos de la banca en Venezuela para Diciembre de ese año se situaba alrededor de 16.000 millones de dólares. En Febrero del 2000 se ubica en apenas unos 5.300 millones de dólares – incluyendo los créditos al consumidor. Estas cifras evidencian una verdadera crisis de crecimiento y si bien el reciente proceso de fusiones bancarias en Venezuela puede lograr generar, a nivel de la captación de depósitos, ciertos ahorros operativos, sin embargo, no queda muy claro cómo ha de contribuir a reactivar la economía.
Al meditar sobre lo anterior, considero que también es necesario cuestionar la importación, desde Basilea, de normativas bancarias, más apropiadas para países ya desarrollados, que para países en vías de desarrollo como el nuestro. Muchos de los problemas surgen por el sólo hecho de que como tales disposiciones fueron desarrolladas para ambientes de cierta estabilidad macroeconómica, al transplantarse en países con inflación o volatilidad cambiaria, muchas veces se hacen inoperantes e incluso hasta contraproducentes.
En 1975 John Kenneth Galbraith, en su libro “Dinero, su Origen y Destino”, adelantó la tesis de que una de las razones fundamentales, para que en el siglo pasado se lograra el desarrollo económico del oeste y del sudoeste de los Estados Unidos, era la existencia de una banca agresiva y poco regulada, que con frecuencia quebraba causándole grandes pérdidas a depositantes individuales, pero que, a causa de una ágil y flexible política crediticia, dejaba una estela de desarrollo.
Hoy, al contemplar la recesión que reina en nuestro país y sin hacer en forma alguna una apología de los delitos, que pudieran haber estado presentes, surge la tentación de preguntarse si el país se equivocó al provocar que sus banqueros fugitivos buscasen refugio en otros países, donde gastan su dinero y sus esfuerzos. ¿No hubiera sido preferible haberlos obligado a desarrollar, por ejemplo, el eje Orinoco Apure? 
También es oportuno cuestionar el hecho de que en un país que necesita generar empleos y por lo tanto, préstamos con fines productivos, sin embargo sus normativas estén más orientadas a facilitar el otorgamiento de créditos al consumo. En cuanto a la democratización del capital, el mismo Galbraith indica con sagacidad, que obviamente a menor grado de regulaciones que afecten la actividad bancaria, mayor será la posibilidad de democratizar el capital.
Lo más triste de todo el capítulo de las normativas bancarias es que en verdad los riesgos no sólo persisten sino que a veces, cuando hay fusiones, pueden multiplicarse, por aquello de que “a más grandes, más duro caen”.
Y ya que hablamos de fusiones, no resisto la tentación de hacer un comentario desde una perspectiva global. Una banca local tiene un serio compromiso con su zona de influencia, ya que sencillamente no tiene para dónde coger. Al especular de que el proceso de globalización de la banca criolla se inicio cuando el Banco de los Llanos, de Valle la Pascua, se convirtió en el Banco Principal, de Caracas - observamos que ello no nos sirvió para mucho. ¿Será acaso mejor el proceso que lleva a gerenciar nuestra banca desde Madrid?
El Universal 7 de agosto de 2000



agosto 03, 2000

La OPEP y la Venezuela de hoy: Kohlenweiss 1979

La OPEP y la Venezuela de hoy
Kohlenweiss 1979
Han transcurrido 20 años y, por lo tanto, ha expirado el plazo durante el cual se debían mantener como secretas las minutas de las reuniones interministeriales de la Comunidad Europea. Al fin podemos leer sobre lo acordado en el pequeño pueblo alemán de Kohlenweiss, durante un lluvioso fin de semana del otoño de 1979, cuando todos los ministros de energía europeos se reunieron en cónclave para trazar una estrategia sobre “¿Cómo defenderse ante las vulgares aspiraciones rentistas de los países petroleros de la OPEP?”. 
El solo debate registrado en las minutas nos resulta horrible al reflejar los prejuicios, de toda índole, que existen con respecto a los países petroleros. No obstante, hoy, por falta de espacio, me limitaré a resumir el Plan aprobado, que fue originalmente presentado por el ministro alemán Grüngelde. Tal Plan se fundamenta en cinco acciones consideradas como claves. 
La primera medida, por cierto la más inocua, era la de estrechar aún más los vínculos entre los gobiernos europeos y aquellas organizaciones de protección ambiental, lo suficientemente flexibles como para ser utilizadas para ejercer presión a favor de una disminución del consumo petrolero, sin que esto al mismo tiempo afectase al carbón, fuente energética aún más contaminante, pero que Europa posee. 
En segundo lugar, se establecía un programa de contínuos aumentos en todos los impuestos al petróleo y sus derivados, muy especialmente los de gasolina, con el fin de asegurar no sólo la disminución de la demanda, sino el que, día a día, los productores petroleros recibiesen una proporción cada vez menor del verdadero valor del petróleo en el mercado final, es decir, del precio pagado por el consumidor. Los países se comprometieron igualmente a no permitir que el precio de la gasolina bajase a nivel de consumidor, por lo que cada baja en el precio del crudo, debería causar un aumento inmediato de los impuestos. 
El tercer campo de acción estaba dirigido a debilitar la cohesión interna de la OPEP y, en tal sentido, usando tácticas de la guerra fría (el muro de Berlín no había caído aún), uno de los instrumentos recomendados era el de la desinformación – principalmente dirigida a sembrar dudas y desconfianza dentro del seno mismo de la OPEP sobre aspectos tales como el cumplimiento de las cuotas fijadas por dicha organización. 
Como cuarto elemento del Plan se estableció, que era de "interés prioritario para la Comunidad, incentivar y apoyar toda gestión tendiente a la privatización de la industria petrolera en los países de la OPEP". La razón de lo anterior se entiende cuando, entre los argumentos, se incluye que "sólo mientras la industria petrolera pertenezca a los Estados, éstos tendrán la posibilidad de esgrimir armas de negociación geopolítica". De hecho, el informe establece que, “de lograr la meta (la privatización), la competencia entre los participantes garantizaría mayores volúmenes de producción y menores precios, dado que todos ellos tienen en común el interés de aumentar las ganancias y los flujos de caja a corto plazo ". 
Quinto …. ¿para qué seguir?. Reconozco que todo lo anterior es pura ficción. Hasta donde yo sepa, no existe, excepto en mi imaginación, ni una Kohlenweiss, ni un Grüngelde. No tengo conocimiento de ninguna reunión como la descrita y, definitivamente, no creo que la Comunidad Europea fije un término de apenas 20 años para poner a la luz pública documentos de esta índole. No obstante, ya que la realidad supera a la ficción, espero que el lector me perdone mi atrevimiento. Veamos: 
Desde 1980 todos los impuestos al petróleo y sus derivados han sido aumentados. Por ejemplo, en Inglaterra se pasó de un 85% ad-valorem en 1980 a un confiscatorio 456% para 1998. Obviamente, que durante ese mismo período, el índice de precios de los productos petroleros, a nivel del consumidor, aumentaron en Inglaterra, en términos constantes, de 100% a un 247% mientras que, como si fuese planificado, el índice para el precio del crudo bajó del 100% a un mísero 18%. 
Un barril de petróleo contiene alrededor de 160 litros de productos petroleros repartidos en 84 de gasolina, 12 de jet fuel, 36 de gas oil, 16 de lubricantes y 12 de residuales pesados. Hoy, cuando la gasolina en Europa se vende en un mínimo de US$ 1.20 el litro, observamos que sólo este componente representa más de US$ 100; de allí que, al añadirle los demás derivados, obtendríamos como valor de mercado, es decir, como el precio que el consumidor está dispuesto a pagar, más de US$ 150 por barril. Si partimos del hecho de que los costos de refinación, transporte y distribución no son altos, digamos unos US$ 20 por barril, se deduce que el Fisco europeo se queda como mínimo con US$ 100 por barril, mientras que el productor, quien es el que está vendiendo un activo y sacrificando por lo tanto un recurso no renovable, debe conformarse con US$ 30 - que apenas representan un 20% de su valor europeo. 
En cuanto a la cooperación alcanzada con los movimientos ambientalistas, sin duda que la misma ha sido todo un éxito, al lograr que al petróleo se le haya castigado con todos los impuestos posibles, disminuyendo así su consumo, mientras que al carbón no se le ha tocado ni con el pétalo de una rosa, llegándose hasta el absurdo de que, incluso en ciertos países, el carbón sea subsidiado. La consecuencia de tal disparidad de tratamiento se evidencia en las cifras obtenidas de la Agencia Internacional de Energía, que indican que en 1973 el petróleo abarcaba el 44.9% del consumo mundial de combustibles, mientras que, para 1996 su participación cayó al 35.3%. En cuanto al carbón, en 1973 su consumo representaba el 24,8%, manteniendo para 1996 exactamente ese mismo porcentaje de mercado. 
No obstante que las cifras antes indicadas evidenciaban a claras luces que sólo a través de instrumentos geopoliticos, como la OPEP, se podría revertir o, por lo menos, amortiguar la injusticia existente, en Venezuela, hasta principios de 1999, no sólo se predicaba la privatización, sino que además se ejecutó parcialmente la misma, vía la Apertura. 
Otra concha de mango fue la de incitarnos a creer que la solución estaba en los incrementos del volumen de producción, no obstante que el petróleo se cotizaba en sólo US$ 8 por barril, 5 céntimos de dólar por cada litro petrolero (menor que agua envasada), precio que casi no cubría los costos. Las presiones para aumentar la producción fueron tan intensas, que todavía subsisten hoy, cuando vemos a importantes representantes de la Academia exponer la extraña tesis según la cual, si Venezuela produce 3 millones de barriles de petróleo diarios y los vende a US$ 30, nos encontraríamos en las garras de un amoral modelo rentístico mientras que, por el contrario, si producimos 7 millones de barriles y los vendemos a sólo US$7, estaríamos reflejando un inmenso y loable esfuerzo productivo. 
Finalmente, con respecto a la OPEP sólo podemos decir que, casi declarada muerta, se salvó en la raya, por ahora… 
Con todos estos antecedentes, ¿quién duda de que, de hecho, existe material suficiente para inspirar un guión novelesco, como el que asomé? Si alguien, por curiosidad, desea saber cuál fue el quinto pilar imaginario ideado en Kohlenweiss y, con la esperanza de que, como dicen mis hijas, cuando uno tiene una pesadilla, tiene que contarla para que no se haga realidad…, les confieso que últimamente me despierto, sudoroso de nervios cada mañana, con la pesadilla de que la Comunidad Europea ha tramado sembrar un extremista del ambiente en la presidencia de los Estados Unidos de América…
Publicado en El Universal el 3 de Agosto, 2000



agosto 01, 2000

Otro muro de contención contra el petróleo

Como consecuencia de las recientemente promulgadas leyes de electricidad y de gas, el país se encuentra sumergido en un proceso de reorientar su política energética. ¡A buena hora! El observar que próximamente se dará inicio a la exportación de hidro-electricidad a Brasil, mientras que en la Isla de Margarita se quema fuel-oil para generar electricidad, es suficiente evidencia de que nuestro actual modelo debe ser urgentemente revisado.
Durante el referido proceso, los que con mucha honra hemos sido llamados a participar en él, tenemos la oportunidad de estudiar de cerca las recientes transformaciones que, especialmente en el sector eléctrico, han ocurrido en muchas partes del mundo. Dentro de las reformas, uno de los principios que se aplica en la mayoría de los países es el de introducir una cierta competencia en el área de la generación eléctrica. Como se sabe, la libre competencia forma parte de aquellas políticas económicas, que predican la eficiencia del mercado en la asignación de los recursos y, en tal sentido, va mano a mano con las políticas de apertura de mercados. 
Muchos de ustedes conocen de los esfuerzos, que durante años he hecho, a través de la ONG Petropolitan, para informar y protestar sobre los impuestos, que los países desarrollados aplican a los derivados del petróleo, que afectan la demanda por el petróleo y, por ende, disminuyen las ventajas comparativas de un país como el nuestro. Siempre me ha parecido injusto que Venezuela abra su economía, sin ser correspondida con un tratamiento equitativo.
Pues bien, el viernes con mi curiosidad picada por unos comentarios que le oí a consultores del sector eléctrico, busqué en la página web de la Comisión Nacional del Sistema Eléctrico de España (CNE) y en su informe sobre el funcionamiento del mercado eléctrico en el año 1998, encontré evidencias de que la discriminación a la cual estamos sujetos en materia petrolera se extiende mucho más allá que a los solos impuestos.
En su informe la CNE, refiriéndose al orden de entrada de los distintos generadores al mercado, dice con cierto orgullo que “la Directiva establece que el orden de funcionamiento se basa en un orden de precedencia económica, establecido con criterios transparentes y no discriminatorios.” No obstante, resulta que la declaración anterior es sólo otro ejercicio de hipocresía, por cuanto más tarde se lee que “al margen del principio de competencia, podrá darse preferencia a instalaciones basadas en….. fuentes primarias autóctonas” - léase carbón.
El informe de la CNE española constituye, sin lugar a dudas, una bofetada para un país petrolero como Venezuela, que le ha abierto todos sus mercados a España. A continuación, me permito transcribir parte de dicho informe.
“Las primas al carbón autóctono tienen una influencia importante ….. puesto que alteran el orden económico de despacho, convirtiendo el carbón autóctono en un combustible más barato que las otras alternativas.” - “en los primeros meses de 1998 la generación térmica convencional en funcionamiento es de carbón quedando los grupos de fuel – gas en una posición meramente testimonial”
El informe de la CNE nos indica que en España durante 1998 la producción total de electricidad fue de 150.701 GWh. De ésta, el 21.4% era hidráulica, el 37.2% provenía de fuentes nucleares, el carbón significaba la fuente más importante con un 37.9%, mientras que, finalmente, el fuel-oil y el gas representaban, en conjunto, sólo un 3.5% de la generación total.
Por supuesto que el carbón en condiciones normales no puede competir con los hidrocarburos, por lo que el no usar estos últimos tiene un costo. En tal sentido, observamos que en 1998, de acuerdo al CNE, se pagaron 55.021 millones de pesetas en incentivos al carbón autóctono, cifra nada despreciable al notar que las compras totales de energía primaria sumaron 885.214 millones de pesetas.
De los 55.201 millones de pesetas pagados en incentivos o subsidios por el consumo de carbón español se observa, que los principales receptores son el Grupo Endesa con 26.369 millones y Unión Fenosa con 13.645 millones de pesetas. Cabe recordar que ambas empresas son conocidas dentro de Latinoamérica, donde participan activamente en los procesos de privatización, siempre predicando, por supuesto, el evangelio de la libre competencia. 
Los subsidio al carbón constituyen una flagrante violación de todos los principios vigentes en cuanto a la no discriminación, que supuestamente debe regir las normas del comercio internacional. Ya quisiera yo verle la cara a los grupos bancarios españoles si de pronto, la Superintendencia de Bancos en Venezuela dictase una regulación similar, como pudiese ser la de que todos los fondos de los venezolanos que sean depositados en bancos cuyos accionistas son 100% de venezolanos, reciban del Estado una prima de intereses - para incentivar el capital autóctono.
España no es de manera alguna la única hipócrita en materia energética. En la Directiva de la Unión Europea sobre normas comunes del mercado interior de la electricidad, dictadas en Diciembre de 1996, se indica la voluntad por constituir un mercado interior de energía eléctrica de acuerdo a los principios de la libre competencia. Me pregunto ¿cuán flexibles deben ser tales principios cuando, según la CNE de España, los discriminatorios incentivos al carbón se ajustan sin problema a tales normas?
¿Cuántas evidencias más sobre la discriminación, a que estamos expuestos como país petrolero, necesitamos antes de lograr comprender la necesidad de defender activamente nuestro petróleo? ¡Vuelvan caras!